La aparición del tema marca la separación entre las dos primeras cuartetas (verso 1-10) y la tercera. El ritmo se puede seguir, además de a través de la métrica, gracias al uso de los verbos, que marcan el carácter nada estático de la obra, pues con el uso de los verbos hierven, circulando, giran, aparece el movimiento en el poema. Por el contrario a través de los verbos anublan y apagan se frena el ritmo.
Es en esta Oda XXVI donde quizá el poeta exprese con mayor claridad el sentimiento de temporalidad.
La muerte como tema principal no es un tópico digamos, abundante en la poesía del siglo XVIII, pero sí que se puede percibir un ligero atisbo en la desembocadura del texto, antecediendo muy a grandes rasgos lo que vendría a ser el prerromanticismo.
El poema se sitúa en un momento en el que la lírica está bajo el gran mito de la ilustración qué es la razón. La razón ilustra, ilumina para llegar a la sabiduría y conseguir la felicidad. Además del sentimiento humanista que domina el pensamiento ilustrado, destaca el tema de la naturaleza, que era ésta la que para los filósofos ilustrados inspiraba la razón. Por tanto, lo razonable era lógicamente natural y el concepto de naturaleza se convertía en algo muy positivo. Un ser racional a través de la naturaleza puede vivir y obtener todo lo que necesita, es por esto que aparece también la idea de fisiocracia (Robinson Crusoe que sobrevive gracias a la naturaleza y con la ayuda de su razón.
El tema de la naturaleza, que soluciona en un 50% la tónica del poema queda completado con la influencia de unos grupos que surgen sobre todo en Inglaterra y Alemania, pero qué en general son un grupo de poetas y escritores que nos van a mostrar algo diferente a lo visto con el racionalismo del siglo XVIII. Éstos, son todavía hombres del siglo XVIII pero aportan cosas nuevas como el sentimiento, nos avanzan lo que va a venir después.
Es aquí donde se percibe el tono funesto, del fin. No del miedo pero sí de algo que se acerca, que deja atrás el mundanal contento. Es posible que esta oda sea una pequeña prueba de Meléndez Valdés como ese personaje puente que introduce y trata muy distintos aspectos. Así podríamos hablar de figuras como la de Rousseau, que puede tratar tanto novela pedagógica (El Emilio), como teorías políticas, como novela sentimental (La nueva Eloisa)… También podemos hablar de Fuseli (Füssli)cuya obra pictórica es un ejemplo clarísimo de este momento de transición que tiende a lo irracional y los matices algo más oscuros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario